La Ronda está de vuelta

 

La Ronda se mantiene desde el principio en el mismo sitio, en la calle Ciudadela 1182, y eso es parte de su identidad. En 2001, cuando se fundió, la compró Felipe Reyes, a quien le gustaban los lehmeyunes que se cocinaban allí.
Las mesas de madera, las sillas de bar todas distintas, unos bancos altos de madera y metal, la barra en el medio, el sol que entraba, la terraza cuando el tiempo estaba lindo... Hasta la música que en aquel momento sonaba estaba bien. Con Felipe, el bar siguió la misma línea y se convirtió en un lugar de referencia del Centro-Ciudad Vieja de Montevideo, tanto por su comida como por su música. 
Muchos de los artistas internacionales que llegaban a la capital pasaban por La Ronda. Los seducía su forma de ser, los seres que trabajaban allí, y la manera en que la trabajaban, sonreían, y nunca perdían la paciencia o los modales. Igual, la frase preferida siempre fue: "We are ugly, but we have the music".

Felipe vendió La Ronda y se fue en 2013, y luego, el lugar cerró más temprano este año. Ahora los dos están de regreso, y es igual que la primera vez: se abrió un bar que estaba fundido, con el nombre de La Ronda Café. El cambio más importante de este regreso es, quizás, la desaparición de la barra del medio.
Junto a La Ronda y a Felipe también volvió Ronda de Mujeres, un espacio donde muchas mujeres pueden expresar su sensibilidad musical. Vuelve la comida -los masticables, las quesadillas, los lehmeyunes- que fue característica del bar. Se suma Friday I'm in Dub, un ciclo que va los viernes desde las 19, a la hora del atardecer, musicalizado por Fede Deutsch e invitados. Y aunque todavía no vuelve el viejo Galgo (que pide carretera para fin de año), sí vuelve la música, otro rasgo característico de La Ronda. Desde el principio, la premisa fue que elegir una música que no sonara en otros bares. No porque esos otros bares fueran malos, sino porque La Ronda era mejor. 
Sí: en La Ronda, la música es todo y la comida, el resto. Comer, beber, amar y escuchar. Las conversaciones privadas, y los parlantes, abiertos. Nunca las voces más alto que el volumen de la canción de Herman Dune. 
Ciudadela 1182
Montevideo

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